Es la gran mamá de las niñas en Katmandú. Es quien vela por ellas, viviendo el día a día junto a ellas. Hace muchos ya que dejó atrás una vida cómoda y estable, algo poco frecuente para una mujer en Nepal, para estar donde siente que debe estar, al lado de las niñas habiéndolas rescatado de situaciones extremas económicas y emocionales.

Tiene como ejemplo a su madre, que como herencia le dejó el ejemplo de cuidar a otras niñas como a sus propias hijas. En nuestra última visita nos dijo, entre lágrimas: “es la primera vez en tantos años, que gracias a la ayuda de Creciendo en Nepal lloro de felicidad”.